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tiene la cerrazón esenia.
Eficacia de la oración, 7:7-77 (Lc 11:9-13).
7
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
8
Porque quien pide
recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre.
9
Pues ¿quién de vosotros es el
que, si su hijo le pide pan, le da una piedra,
10
o, si le pide un pez, le da una serpien-
te?
1
' Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos,
¡cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las
pide!
Este pasaje no tiene vinculación inmediata con lo anterior. Lc lo trae en otro contexto (Lc 11:9-
13) muy lógico. El tema que se propone es la necesidad de orar para obtener favores del cielo, y
a esta oración se garantiza su eficacia. La formulación literaria del mismo es por “paralelismo
sinónimo” triple en la primera (v.8.9) y binario en la segunda (v.9-10) para sacar la conclusión
en el v.11.
“Golpear” (κρούετε) y “hacer abrir” aparecen en el Talmud, y se dicen a propósito de la
sabiduría y también de la oración
12
. Sin embargo, no se encuentran las otras expresiones en los
escritos talmúdicos. ¿Son dichos populares? ¿Son propios de Cristo?
Se ha querido “alegorizar” estas expresiones, v.gr., la parusía. No es éste el intento de
Cristo en el contexto; sus comparaciones humanas, elementos “parabólicos,” son expresados,
además, en forma “sapiencial,” por lo que su sentencia es genérica, sin concretarse alegórica-
mente. Menos aún el intento de Mt.
La enseñanza primera es la necesidad de orar para obtener dones del cielo. La compara-
ción humana es la necesidad, normalmente, de pedir para obtener dones. De ahí, analógicamente,
en el orden sobrenatural, y esto “a fortiori,” porque la indigencia es mucho mayor y más impo-
tente para adquirir; ha de ser normal, pues, la oración para obtener favores de Dios. El aspecto de
lo que El graciosamente quiera conceder sin pedirlo, no se considera.
Los elementos “parabólicos” siguen. “Pan” y “pez,” lo mismo que “piedra” y “serpiente,”
se toman en sentido directo comparativo. Lc, en lugar de poner la última comparación, trae otra:
Si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? (Lc 11:12). Por ello se ve que no hay relación alguna
entre la petición y lo que no se le dará: son simples hipérboles orientales de contraste. Algunos
autores han propuesto, a este propósito, verdaderas sutilezas
13
.
La conclusión de base es que ningún padre dará a sus hijos, cuando le piden cosas buenas
y necesarias, cosas malas. En el orden espiritual se concluye igualmente que Dios no dará sino
cosas “buenas” al que se las pida. Dios es Padre, y, como tal, es sumamente bondadoso con
sus hijos. No es un Dios enigmático ni caprichoso, como otros dioses. Por eso, si los hombres,
“siendo malos,” se portan así con sus hijos, ¡cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos,
dará cosas buenas a quien se las pida!”
Es una enseñanza “a fortiori” — ”¡cuánto más!” — utilizada usualmente por los rabinos,
tomando por cuadro fundamental una parábola
14
.
Al decir Cristo que aun “vosotros” — sean los hombres o la Iglesia materna —, siendo
“malos” hacen cosas buenas, no alude al < pecado original” (Bengel), ni que la naturaleza huma-
na sea por sí misma mala, lo que sería maniqueísmo; ambas hipótesis están fuera del intento
comparativo de Cristo. Se habla sólo de la naturaleza humana inclinada al mal, y, mejor aún, por
la comparación que se establece entre Dios — sólo Dios es bueno” (Mt 19:17; Mc 10:18; Lc
18:19) — y el hombre
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. Por eso, este “malo” que obra bien encuentra su garantía en la oración
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