3891
en un escondite,” no lo creáis,
27
porque como el relámpago, que sale del oriente y
brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28
Donde esté el ca-
dáver, allí se reúnen los buitres.
Nuevamente se inserta aquí otro anuncio de Jesucristo previniendo contra la seducción que pu-
dieran ejercer “engañando, si fuera posible, aun a los elegidos” (Mt-Mc). Esta seducción sobre
muchos va a ser ejercida por “falsos cristos y falsos profetas.” Estos harán grandes prodigios y
maravillas (Mt-Mc). Se les previene para que, cuando oigan decir: “Aquí o allí está el Mesías”
(Mt-Mc), no lo crean.
En efecto, ningún momento sería más propicio para aceptar la impostura de un mesías
que en la hora de la hecatombe. En la atmósfera sobreexcitada de expectación mesiánica existen-
te en Israel desde los días de Juan el Bautista, había de encontrar, psicológicamente, su explosión
y su necesidad en la misma hora del, avance romano contra Israel. Y por la historia se sabe —
Josefo lo cuenta — cómo en aquellos días surgieron “muchos profetas” sobornados por los tira-
nos, que, diciéndose venir “en nombre de Dios,” engañaban a la plebe, anunciándoles “evidentes
prodigios.” Y entre ellos se destacó un “falso profeta,” ya incendiado el templo, que anunciaba al
pueblo que “Dios les mandaba subir al templo, donde recibirían señales de salud”
16
: sin duda la
venida del mismo Mesías.
Las frases de Jesucristo previniéndoles que no crean a estos falsos Mesías si les dicen de
él que está “aquí o allí,” en el “desierto” o “en casa,” no hace más que aludir a la creencia popu-
lar según la cual el Mesías estaba en algún lugar oculto y aparecería inesperadamente (Jn 7:27); y
había una fuerte tendencia ambiental a esperarlo viniendo del “desierto” (Act 21:38), al modo de
Moisés
17
.
No. La “venida” del Hijo del hombre no será así. Es Mt el que recoge los datos, dos me-
táforas, para expresar la evidencia de esta venida. La venida del Hijo del hombre será:
a) “Como el relámpago, que sale por oriente y se va viendo (brilla) hasta el occidente.”
Se destaca así la evidencia de esta venida del Hijo del hombre. Como el relámpago no puede
menos de verse en todo su curso en el cielo, así esta venida del Hijo del hombre no necesita que
se diga de El que está “aquí” o “allí,” en “el desierto” o “en casa.” Será visible, porque será evi-
dente de todos (Lc 17:24).
Por otra parte, el relámpago es uno de los elementos clásicos en las teofanías y apocalíp-
ticos que acompañan los juicios divinos (Is 29:6; 30:30; Sal 97:4; Zac 9:14; etc.).
b) “Donde esté el cadáver, allí se reunirán las águilas.” Esta expresión debe de ser un
proverbio, al menos calcada sobre un cierto proverbio (Job 39:30). Lc la citará también a propó-
sito de lo subitáneo de la parusía (Lc 17:37). La Vulgata vierte mal el texto griego πτώµα = “ca-
dáver” al traducirlo por “corpus.” La palabra griega (αετός) puede significar águila o buitre. Pero
el pensamiento es el mismo. Es el modo de decir con dos metáforas la evidencia de esta venida.
Pues de la misma manera que el cadáver de un animal en el desierto queda al descubierto y es
inevitable que, por su instinto, lo vean las águilas y buitres y caigan sobre él, así también la veni-
da del Hijo del hombre será tan evidente, que será sentida por todos. Se ha pensado, sin que la
observación esté alegorizada en el texto, que el “cadáver” sería Jerusalén agonizante, y las “águi-
las,” el ser despedazada por las “águilas romanas,” ya que, en otros pasajes del A.T., las “águi-
las” simbolizan reinos y enemigos concretos (Is 18:6; Jer 12:9; 15:3). Sería una sugerencia o
trasfondo, ya que el tema directo es la evidencia de esta parusía.
Algunos autores piensan que lo que se destaca aquí no es la evidencia de esta parusía de
Cristo, sino la rapidez y lo súbito de su venida
18
. Sin embargo, la contraposición que se hace con
Comments to this Manuals