Acer V12LC User Manual Page 261

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luego, aparte de resurrecciones de muertos que en ellas se narran.
En primer lugar les hace ver que, en la hora de la resurrección gloriosa, los cuerpos no
tienen la finalidad transitoria que tienen aquí. Era error no sólo de los saduceos, sino de un sec-
tor, al menos, de los mismos fariseos, el atribuir a los cuerpos resucitados las funciones carnales
que tenían en la tierra. Precisamente la procreación prodigiosa, ridícula y monstruosa de las mu-
jeres sería una de las características después de la resurrección, como superación de la prole nu-
merosa que se prometía como bendición al cumplimiento de la Ley
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. Pero en la resurrección no
será así. Esta finalidad y sus funciones correspondientes no tienen razón de ser. En la resurrec-
ción, al no morirse, ya no hay que conservar la especie. Por eso, en la resurrección “no hay mujer
ni marido,” sino que, en este orden de cosas, son “como los ángeles de Dios en el cielo”
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, des-
tacándose también con ello su inmortalidad, que hace ya inútil la procreación.
No se enseña que los resucitados serán de naturaleza angélica o espiritual, sino que serán
“como” (ως) los ángeles sin estas funciones. No será una resurrección con cuerpos como hasta
ahora, sino renovados, “gloriosos,” “espiritualizados” (1 Cor 15:35ss). Si no, no habría resurrec-
ción sino simple inmortalidad. Pero el texto prueba la existencia de la resurrección.
Pero en cuanto al hecho de que habrá resurrección de los muertos (Lc), “ya lo indicó
Moisés en el pasaje de la zarza” (Ex 3:2-6). Dios se aparece en una zarza que arde sin consumir-
se. Y desde ella dice a Moisés que El es el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob.” En la Escritura
había otros pasajes, claros, en los que se habla de la resurrección corporal (Dan 12:2; Sal 16:10-
11; 49:16; 2 Mac 13:43). Si Jesucristo utiliza este texto con una argumentación especial, es, sin
duda, porque con ello se quiere destacar también una intención y un acento especiales.
En este texto del Éxodo, en su sentido literal histórico, no se trata de probar que los pa-
triarcas vivan, sino que Dios, que se aparece a Moisés, frente al politeísmo y al etnoteísmo rein-
antes en la antigüedad, le garantiza y se identifica con el mismo Dios que se apareció a los pa-
triarcas. Pero Jesucristo, con su argumentación, va más lejos. Pues dice al citar estas palabras —
”Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob” — que, si Dios es el Dios de ellos, Dios no es el
Dios de “muertos,” sino de “vivos.” Este texto fue usado ya en Hechos (3:13;7:32) con el senti-
do de la victoria de Dios sobre la muerte. Con lo que quiere probar la resurrección. Mas ¿có-
mo concluye este argumento? Pues, a lo más, parecería probar que las almas de los patriarcas
vivían, eran inmortales. Pero aquí la prueba va a la resurrección de los cuerpos.
Se ha propuesto que Dios aquí descubría un sentido “profundo” de las palabras de las Es-
crituras, que ni el mismo Moisés había comprendido. Ni contra este desconocimiento de Moisés
iría lo que se lee en este pasaje en Lc: “Que los muertos resucitan, lo indicó Moisés en el pasaje
de la zarza.” (v.37). Pues esta expresión “indicó” (εµήνυσεν) tiene un sentido amplísimo; v.gr.,
lo que de alguna manera vale para exponer o hacer una serie de deducciones en función de otros
datos bíblico-teológicos. En absoluto esto pudiera ser verdad. Pues la Escritura tiene un sentido
más hondo que el inmediatamente literal. Era esta creencia, aunque en otro sentido, de la misma
concepción rabínica.
En esta argumentación de Cristo hay dos cosas:
a) Su semejanza con los procedimientos rabínicos. Estos, pensando que la Escritura esta-
ba llena de misterios y sentidos ocultos, cuando un texto de alguna manera se podía utilizar en
una argumentación, venía a ser considerado como argumento válido. Y se sabe, además, que con
esta misma dialéctica y procedimientos argumentaban a favor de la resurrección
17
. Concreta-
mente, rabí Sinay deducía de Ex 6:4 la resurrección de los muertos. Pues como allí Dios promete
a los patriarcas darles la tierra de Canaán, y como se promete a “ellos,” de aquí deducía la resu-
rrección de los patriarcas
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.
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