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mismo les sucedió en vida y también varias veces después de resucitado.
Así, después de la multiplicación de los panes, cuando a la noche estaban remando en el
lago, vino el Señor “a ellos andando sobre el mar.” Pero ellos, “viéndolo andar sobre el mar, se
turbaron y decían: Es un fantasma.” “Y después que El les dijo quién era, todavía Pedro le dijo:
“Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas” (Mt 14:26-28 y par.); y lo relata también Mt.
Y después de resucitado, presentándoseles en formas diferentes, podían en un primer
momento dudar. Como, hasta que El se descubrió quién era, lo ignoró Magdalena, viéndolo en
forma de “hortelano” (Jn 20:15), y los que iban a Emaús, al verlo en forma de “peregrino” (Lc
24:15). Y en el mismo lago de Genesaret, mientras estaban pescando, se les apareció el Señor y
los llamó, pero “los discípulos no se dieron cuenta que era Jesús” (Jn 21:4) hasta posteriormen-
te, y sólo Juan fue el primero en caer en la cuenta (Jn 21:7).
Algo análogo pudo ser la “duda” que debió de afectar a los “discípulos” o a algunos de
ellos, y expresado en forma global, como es frecuente en Mt. En un primer momento dudaron.
Pero la prueba de que luego todos lo reconocieron como tal es que, “viéndolo,” todos “se postra-
ron” ante El
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.
Se propone también que esta “duda” se refiere a todos los apóstoles. Se “postran,” pero
no estaban exentos de una cierta duda. Esto lo abonaría el ambiente del Ν. Τ. sobre las cristofa-
nías, que no se realizan con una objetividad tal, que quiten inmediatamente toda duda sobre las
mismas (Jn 20:25; Mc 16, 8; Lc 24:11-25-37) (Lohmeyer).
Pero no se explicaría aquí la “adoración” (προσεκυνησαν) y la “duda.” Aparte que las ci-
tas alegadas de Jn, Mc y Lc son obstáculo. Sólo podría tener un cierto valor Lc 24:37 cuando, al
aparecérseles Cristo resucitado, los apóstoles, “aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíri-
tu.” Y luego de demostrarles su realidad, se dice que “no creían aún a fuerza del gozo y la admi-
ración” (Lc 24:41). ¿Por qué no lo reconocieron en su aparición? ¿Es que había tomado forma
distinta"? ¿Fue por el estado de ansiedad y el temor — trepidación psicológica — en que se en-
contraban? La redacción de Lc acusa preferentemente una alteración o predisposición psicológi-
ca, que no les da la serenidad suficiente para valorar la realidad objetiva de un muerto glo-
riosamente resucitado. Ambas cosas se acusan en los v.37 y 41. En cuyo caso, no es la cristofa-
nía lo que lo impide, sino la prealterada psicología.
“Y acercándose Jesús, les dijo.” Parecía que esta frase vendría a corroborar alguna de las
posiciones expuestas. Pero es un modo usual de hablar e introducir escenas Mt.
Cuatro enseñanzas de Cristo (v. 16-20).
A continuación, Mt pone cuatro enseñanzas de Cristo de gran portada teológica.
1) La “potestad” que Cristo tiene (v.18). Cristo alega aquí, sintéticamente, pues ya está
desarrollado este tema a través de su evangelio, la “potestad” (εξουσία) que tiene para ello. Esta
le fue “dada” (εδόθη) por Dios, por el Padre. Le dio plenitud de poder (πασά εξουσία). Evoca el
pasaje daniélico (Dan 7:14). Estos términos son claros y, sobre todo, están casi encuadrados en la
teología de Jn (Jn 13:3; 17:2ss). Este “poder” — ”todo poder” — se lo dio el Padre “en el cielo y
en la tierra.” Jn dirá que el “Padre. le dio poder sobre toda carne, para que (a todos los que Tú le
diste) les dé la vida eterna” (Jn 17:2). El poder “en el cielo” es sobre toda potestad celestial, y
“en la tierra,” sobre toda la humanidad, y acaso sobre todo lo creado. Ejerce poderes divinos,
pues tiene el poder de Dios. En Mt terminará (c.25) como Juez de toda la humanidad.
¿Cuándo recibió este poder? No se dice aquí; solamente se lo reconoce y promulga (cf.
Mt 729; 9:6; 21:23; etc.). Si el entrar en el ejercicio pleno de sus poderes es después de la resu-
rrección (Jn 17:1-5; Flp 2:6-11; Act 2:36; 10:42; Rom 1:4), la plenitud ontológica la tiene desde
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