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el anuncio de los falsos mesías lleva a ver en esto la evidencia de su presencia.
Es esta sección segunda uno de los pasajes en el que varios autores se basan para hacer
ver que en esta parte Jesucristo habla de su parusía al final de los tiempos; puesto que ya antes
(Mt 24, 5.11; cf. par.) habló de los falsos mesías y de los falsos profetas, esta repetición supone
otra perspectiva. Además se lo quiere confirmar con la enseñanza de San Pablo sobre la parusía
final (2 Tes 2, 3-12).
Pero no se ve motivo serio para esta posición. En primer lugar, el v.26 es una forma de
repetir lo mismo que se pone en el v.23. Y todo ello puede muy bien ser un “duplicado” de los
v.5 y 11 de Mt (cf. par.), haciendo llegar esos mismos signos que fueron presentados primero en
el estadio previo a la destrucción de Jerusalén, pero no exclusivos de sólo este período, al mo-
mento mismo de la “gran tribulación.” Los cuales, unos habían de suceder entonces por necesi-
dades históricas — dolores —, y otros — los mesiánicos — por exigencias psicológicas. Puede,
pues, explicarse todo esto, sin violencia del texto y en plena homogeneidad con el mismo, de los
hechos sucedidos en los días de asedio y destrucción de Jerusalén.
La “venida” (ή παρουσία) del Hijo del hombre, que aquí sólo se anuncia, no exige tam-
poco ser una presencia física y sensible de Jesucristo. Se explica suficientemente — luego se ve-
rá más en detalle — de una presencia moral del mismo Jesucristo en el castigo infligido a Je-
rusalén, y en lo que se verá su poder y lo que El anunció que era.
3) La Venida del Hijo del Hombre, 24:29-31 (Mc 13:24-27; Lc 21:25-28).
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Luego, en seguida, después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol,
y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo, y las columnas del cielo se
conmoverán.
30
Entonces aparecerá el estandarte del Hijo del hombre, y se lamenta-
rán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del
cielo con poder y majestad grande.
31
Y enviará sus ángeles con poderosa trompeta y
reunirá de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro.
Una vez cerrado el paréntesis de los v.26-28 de Mt, se hace ahora la descripción de esta “venida”
del Hijo del hombre. Es descrita por los tres sinópticos. Esta venida será “enseguida, después de
la tribulación de aquellos días” (Mt-Mc). En efecto, una vez que se ejerce el gran castigo, la
“gran tribulación,” es cuando se va a realizar esta venida o parusía del Hijo del hombre. ¿Cómo?
La descripción que hacen los evangelistas de esta venida triunfal de Cristo, la describen
con los siguientes elementos:
1) “El sol se oscurecerá.”
2) “La luna no dará su luz.”
3) “Las estrellas caerán del cielo.”
4) “Las virtudes (δυνάµεις) de los cielos se conmoverán.” Se discute el sentido directo de
estas “virtudes.” Serían, alegorizando, los ángeles (así los Targums), los “poderes cósmi-
cos”
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; pero ordinariamente se lo interpreta, por “paralelismo” con lo anterior y por su
afinidad con pasajes proféticos (Is 34:4), de los astros. Acaso se incluyan en ello, genéri-
camente, las fuerzas celestes. Mc pone los “ejércitos de los cielos,” que son las estrellas.
5) “Sobre la tierra habrá ansiedad entre las naciones, inquietas por el estrépito del mar y
de las olas” (Lc).
6) “Los hombres enloquecerán de miedo e inquietud por lo que viene sobre la tierra”
(Lc). Que es lo mismo que dice Mt en otra forma: “Se levantarán todas las tribus de la
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